La historia de Aries comienza con Frixo y Hele, hijos del rey Atamante y de Néfele, su primera esposa. Tiempo después, Atamante deja a Néfele y contrae un nuevo matrimonio con Ino, quien se convierte en madrastra de los niños. Desde entonces, Ino desarrolla una fuerte hostilidad hacia Frixo y comienza a actuar para apartarlo de la familia y asegurar su propia posición dentro del reino. A partir de entonces, el destino de Frixo comienza a cerrarse a través de una serie de acontecimientos provocados deliberadamente por Ino.
Su estrategia afecta primero a las cosechas. Ino convence a las mujeres del reino para que alteren las semillas antes de sembrarlas, provocando una situación de esterilidad y hambre. Cuando el reino busca una explicación para la desgracia, Ino interviene también en la consulta al oráculo: manipula la respuesta para hacer creer que la única forma de poner fin a la crisis es sacrificar a Frixo. De este modo, el joven queda señalado como la causa que debe ser eliminada para restablecer el orden.
El carnero y la aparición de una salida
Cuando el sacrificio parece inevitable, aparece un carnero extraordinario enviado por Néfele para salvar a sus hijos. El animal posee un vellocino de oro y puede desplazarse por el aire. Su llegada altera de manera inmediata el curso de la historia.
Frixo y Hele suben sobre el carnero y comienzan la huida. El movimiento aparece aquí como una ruptura decisiva: aquello que parecía detenido encuentra una dirección nueva y la acción abre una posibilidad que hasta ese momento parecía inexistente.
Esta imagen permite acercarse a uno de los significados fundamentales asociados con Aries. El carnero inaugura el movimiento, responde ante una situación extrema y avanza sin permanecer atrapado en el escenario anterior. El comienzo aparece ligado a una acción concreta que modifica las condiciones del relato.
La caída de Hele y el Helesponto
Durante el viaje, Hele pierde el equilibrio y cae al mar. La tradición relacionará aquel lugar con su nombre: el Helesponto, el estrecho que separa Europa de Asia y que hoy conocemos como los Dardanelos.
Frixo continúa el trayecto en solitario. La pérdida de Hele introduce una dimensión de riesgo dentro del propio movimiento. La salida de una situación cerrada abre un camino, pero avanzar implica también exponerse a aquello que todavía no puede controlarse.
Frixo llega a la Cólquide
El viaje termina en la Cólquide, en la región oriental del mar Negro. Allí Frixo es recibido por el rey Eetes, quien le ofrece protección y lo integra en su reino. El joven termina casándose con Calcíope, hija del rey.
Eetes ocupa además un lugar particularmente significativo dentro de esta trama simbólica: es hijo de Helios, el dios solar. Esta genealogía permite establecer una relación sugerente con la tradición astrológica, donde el Sol posee su exaltación en Aries.
El Vellocino de Oro y Marte
Una vez a salvo en la Cólquide, Frixo sacrifica el carnero en honor a Zeus y entrega el Vellocino de Oro al rey Eetes. Este lo hace colocar en un bosque consagrado a Ares, equivalente griego de Marte, donde queda custodiado.
Esta relación adquiere especial importancia desde la perspectiva astrológica, ya que Marte es el señor de Aries. El carnero que había abierto el camino termina así vinculado con el dios que representa la fuerza capaz de actuar, decidir y enfrentarse directamente a aquello que exige una respuesta.
El relato reúne entonces varias imágenes que permiten comprender la naturaleza del signo: la irrupción de una posibilidad nueva, el comienzo del movimiento, la audacia necesaria para abandonar una situación amenazante, el riesgo presente durante el trayecto y la capacidad de avanzar hacia un territorio todavía desconocido.
Aries y el comienzo del movimiento
El mito de Frixo y Hele ofrece una vía especialmente rica para acercarse al simbolismo de Aries. El signo aparece asociado con el instante en que algo comienza a moverse después de haber permanecido detenido, con la fuerza que permite abrir un camino y con la decisión que transforma una situación cuando continuar en el mismo lugar deja de ser posible.
El carnero interviene precisamente en ese momento crítico. Su aparición modifica la dirección de los acontecimientos y convierte una sentencia de muerte en un viaje. De esta manera, el comienzo ariano adquiere una dimensión concreta: es la aparición de un movimiento capaz de cambiar el curso de una historia.
La vinculación posterior del Vellocino con Ares, la genealogía solar de Eetes y la presencia del propio carnero amplían esta red simbólica. A través de ellas, el mito permite comprender por qué Aries quedó asociado con la acción, la iniciativa, el riesgo y la apertura de un nuevo ciclo.